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2015, оctober — Esquire (Mexico) — Monica Bellucci. Licencia...

 

Monica Bellucci. Licencia para seducir.

Especial James Bond.

Por Luis Meyer en Londres / Fotos de Cliff Watts | Fecha: 15/10/15

Hay sólo una mujer en el mundo que podría, a sus 51 años, interpretar el rol de “chica Bond”. La italiana es el sueño de todo hombre y eso lo sabe Sam Mendes, quien le pidió protagonizar la nueva cinta del espía.

A nadie le gusta que le hagan esperar, pero si la cita es con Monica Bellucci, uno se siente afortunado de pasar cuatro horas en la cafetería de los estudios de cine Pinewood, a una hora de Londres, sin más entretenimiento que mordisquear un sándwich de embutido rancio y sorber un café aguado, al más puro estilo británico. La espera puede ser larga, pero se vive con una sonrisa.

Días antes de esa tarde, había tenido la siguiente conversación telefónica con mi editor:

—¿Recuerdas la entrevista que te había mencionado? Hay que hacerla ya. ¿Puedes volar ahora mismo a Inglaterra?

—Uh… eh… uhm… (Por mi cabeza pasaban a toda velocidad los fotogramas mentales de mi agenda de la semana en Madrid). ¿Pero ya es un hecho?

—Oye, no es cualquier cosa: es una portada con Monica Bellucci.

—Uh… eh… uhm… (Los mismos titubeos pero, esta vez, con diferente significado: en mi cabeza se destruían uno a uno todos esos fotogramas). ¿A qué hora tengo que estar en el aeropuerto?

Los estudios Pinewood son algo así como el Hollywood europeo. Allí, desde los años 30, se han rodado infinidad de superproducciones internacionales como Superman, The Day of the Jackal, Alien, Full Metal Jacket o algunas de la saga Harry Potter. Pero, sobre todo, son conocidos por haberle dado vida a las películas más emblemáticas de James Bond. Por sus históricas instalaciones han caminado Sean Connery, Roger Moore, Pierce Brosnan y, por supuesto, Daniel Craig, el último intérprete del célebre agente al servicio de Su Majestad. Pinewood cuenta con el set más grande de Europa, que —como podía esperarse— lleva por nombre la cifra de la aventura: 007. A lo largo de este año se han rodado allí muchas de las escenas de Spectre, la última entrega de la serie, a punto de estrenarse en todo el mundo. La dirige Sam Mendes (realizador de American Beauty y, en 2012, de la notable Skyfall, en la que Bond se enfrenta a la amenaza del ciberterrorismo) y en ella repite Craig y se estrena Monica Bellucci. Por cierto, esa elección de elenco ha hecho mucho ruido, y hasta la propia Bellucci se dejó sorprender. “Cuando me llamaron para decirme que querían que participara, inmediatamente pensé que me ofrecerían el papel de M, la jefa del Servicio Británico que interpretaba la gran Judi Dench”, llegó a decir la actriz italiana, quien a sus 51 años es, posiblemente, la mujer más guapa del mundo (y aquí podríamos suprimir el “posiblemente” sin miedo a equivocarnos).

Pensaba en todo esto en la cafetería de los estudios, mientras esperaba el final de la sesión de fotos que se realizaba a pocos metros de allí. Una vez terminada, podíamos empezar con la entrevista. También repasaba mentalmente las preguntas que se le pueden (¡deben!) hacer a alguien que ha generado tantas emociones a tantos hombres durante tantos años, pero siempre desde esa torre inalcanzable donde viven las actrices de su calibre. ¿Cómo se entrevista a alguien que no existe?

Acababa de hacerme esa pregunta cuando su representante se acercó e interrumpió mis elucubraciones con la frase más esperada: “Ya terminó la sesión—dijo—, te espera en el edificio Kubrick”. Me ofreció disculpas por la espera de cuatro horas, aunque mientras lo acompañaba pensé que fue el tiempo perdido mejor invertido de mi vida. La habitación adonde me condujo tenía poco que ver con el lugar en el que uno imagina que algún día se encontrará con un mito viviente: un escritorio de madera contrachapada con una laptop encima, una mesa circular rodeada de cuatro sillas, y un sofá.

Monica Bellucci llegó pocos minutos después. Apenas le quedaba algo del maquillaje de la sesión de fotos y llevaba un vestido estampado y liviano, tal vez demasiado para la fría llovizna tan característica de esta zona de Inglaterra. Saludó sonriente y se acomodó en el sofá. “¿Cómo estuvo la sesión de fotos?”, le pregunté, para romper el hielo o quizá para disimular que por dentro quería que alguien me pellizcara para saber si estaba o no dentro de un sueño. “Muy bien —respondió resuelta—. Son unas fotos preciosas. Valió la pena.” La sonrisa que me regaló pareció sincera. Combatí como pude el rubor que me invadía y decidí abandonar mi papel de fan atolondrado para ejercer el de periodista, que para eso estaba allí. Y me lancé a fondo:

—Eres la “chica Bond” con más edad que ha habido en toda la saga.

—Por las películas del agente 007 han pasado Rosamund Pike, Ursula Andress, Halle Berry, Eva Green, todas grandes actrices a las que admiro. Además, son mujeres guerreras. No había motivos para decir que no a un llamado así. Es cierto que es la primera vez que eligen a una mujer madura como yo, y ese es un mensaje hermoso para aquellas que a partir de los 50 años empiezan a dejar de sentirse deseadas o atractivas, cuando en ningún caso debería de ser así. Esos son clichés a los que nos sometemos como sociedad y que, en muchos casos, no son reales.

—¿Crees que el cine ya advirtió que esos clichés, como dices, son ficticios?

—Lo cierto es que ahora las mujeres cada vez somos más respetadas en el cine. Ya hay que despojarse del tópico que sólo se fija en lo atractivas que podemos ser. Cuando entras a la madurez te abres las puertas a interpretar nuevos roles, nuevos personajes. Cuando eres joven, esa belleza viene por naturaleza, es pura biología. Pero cuando envejeces aflora otro tipo de belleza. En la juventud es como una máscara que oculta el resto de tus virtudes, pero a medida que te haces mayor y sigues actuando, no es más que un instrumento como cualquier otro, deja de ser lo principal. Y todo lo demás, que también forma parte de tu atractivo, sale a la luz.

“En la saga Bond es la primera vez que eligen a una mujer madura como yo, y ese es un mensaje hermoso para quienes a los 50 años dejan de sentirse deseadas.”

Inclinada hacia adelante, como si quisiera decir un secreto, empezó a hablar de su personaje. “En Spectre interpreto a Lucía, la viuda italiana de un criminal mafioso, que tiene muchos secretos. Cuando conoce a James Bond no confía en él porque viene de un mundo en el que los hombres ejercen el poder de forma brutal. Pero en cierto momento logra despojarse de esas tradiciones, de esa forma de pensar, y se da cuenta de la fuerza que tiene como mujer. Es entonces cuando los dos empiezan a entenderse. Ambos tienen algo que aportarse y ahí se establece la conexión: él a salva de ese mundo peligroso y, a cambio, ella le da información muy valiosa. No les queda más remedio que llevarse bien y deciden confiar el uno en el otro. Supongo que esto podría tener algún sentido metafórico en la vida real”, concluye con una risa suave.

Con razón o sin ella, no pude evitar pensar que, aunque tangencialmente, se refería a su relación con el actor Vincent Cassel, de quien se divorció hace dos años después de catorce de matrimonio, y con el que tiene dos niñas. “Nos llevamos bien”, es todo lo que quiso mencionar sobre el tema, tal vez porque prefería hablar de su nueva vida de soltera. “El actual es un momento muy dulce para mí —dijo, y me pareció que remarcaba las palabras—. Quedar embarazada a los 45 años fue algo maravilloso. En mi trabajo también estoy en un periodo muy interesante, he tenido la oportunidad de actuar para directores muy diferentes y talentosos. En mis tres últimas películas he estado bajo las órdenes de Emir Kusturica, Sam Mendes y Guy Édoin, y he interpretado a tres personajes femeninos muy distintos.”

Acaba de filmar, casi al mismo tiempo, con un director británico, uno serbio y uno canadiense. Parece que eso de quedarse estancada en comedias románticas de Hollywood y dedicarse a pasear por una enorme mansión en Malibú no va con ella: lo mismo aparece en dos películas de la saga Matrix que en una película europea de bajo presupuesto. Le pregunté si se siente más cómoda trabajando en grandes producciones o en proyectos de cine de autor, y con un gesto serio respondió: “Cuando estoy frente a la cámara, ya sea en un filme independiente y tan poco comercial como Irreversible o dentro de una historia de James Bond, mi inmersión en el personaje es exactamente la misma. Cuando actúo jamás me digo: ‘Dios mío, estoy en una superproducción internacional’. Eso podría cambiar mi manera de actuar y creo que es un error”.

Parece que algo similar le sucede con la fama, ya que no le molesta interpretar papeles secundarios. “En The Private Lives of Pippa Lee, de Rebecca Miller, sólo aparecí 10 minutos, pero es de lo mejor que he hecho en mi vida. En mi caso, lo importante nunca es el tamaño del papel o de la película, sino la emoción que me genera darle vida a un personaje, porque siempre expreso algo de mí en él. Normalmente, cuando las actrices elegimos un guión, nos fijamos en algo más que la propia película. En realidad buscamos algo que se relacione con nosotras, algo que nos inquiete. En el caso de Spectre, Lucía es parte de un mundo violento dominado por hombres y no sabe cómo salir de él. Es una mujer tradicional, y necesita a un hombre para salvarse y expresarse. La otra chica de la película, Madeleine, que interpreta Léa Seydoux, representa el polo opuesto: ella sí es una mujer independiente, de acción, proactiva y fuerte, capaz de poner firmes a los hombres. Ambas nos complementamos y eso nos ayuda mucho para entendernos como personas. Son dos mujeres llenas de matices contrapuestos, muy profundos, personajes perfectos para este nuevo James Bond que han creado Sam Mendes y Daniel Craig.”

¿Y qué opina Monica Bellucci de este James Bond moderno como nunca y elegante como siempre? ¿La atrapa? ¿O es de las que piensan que la mejor etapa del agente fue la que encarnó Sean Connery? “Ahora es más interesante —apuntó, muy segura—. El de los inicios, un héroe perfecto con licencia para matar y con pocos prejuicios, era un personaje atractivo en su época. Pero ahora es más peligroso, impredecible y oscuro. Alguien contradictorio que siempre busca algo. Es más complejo y, al mismo tiempo, moderno y misterioso.”

Quise saber si, para ella, esa transformación contemporánea de 007 es obra de Daniel Craig, cuatro años menor que ella y el Bond más violento de toda la historia del personaje. Ella volvió a reír. “Su aspecto de tipo duro puede confundir. Durante el rodaje fue increíblemente agradable y protector conmigo. Cuando en una película tienes que interpretar escenas muy íntimas y subidas de tono con otros actores — que, en definitiva, es gente que no conoces demasiado—, pueden generarse situaciones de verdad incómodas. Pero Daniel lo hace todo muy sencillo por su amabilidad y cercanía. No sólo es un gran actor, también es una grandísima persona. Y eso facilita mucho las cosas en esas situaciones.”

En ese punto me quedé callado. Ella me miraba con absoluta naturalidad, y no sé por qué pensé que a través de sus pupilas me decía algo como “atrévete”. Su belleza es un poder, y tal vez por eso imaginé que era capaz de leer mi mente. O, por lo menos, de saber perfectamente lo que le iba a plantear a continuación, la única pregunta que hasta ese momento no sabía si iba a poder hacerla. Hasta entonces habíamos hablado un poco de las escenas de sexo. Y llegó a mencionar la película Irreversible, en la que personificó a la víctima de la violación más cruda y realista que se ha visto nunca en la pantalla.

Así que empecé por decirle que sólo pude ver esa película una vez y que nunca fui capaz de repetir una experiencia visual tan traumática. Añadí que, aunque seguramente el actor que interpretó al violador es un tipo simpatiquísimo, es muy probable que 99 por ciento de quienes vimos esa película hayamos querido matarlo alguna vez. Casi en un susurro, ella me respondió que tampoco ha vuelto a verse en esa escena, pero por otras razones: “Normalmente no reviso más de una vez las películas que hago. Sí admito que el rodaje de Irreversible fue una experiencia muy fuerte. Como actriz fue interesante porque se filmó con mucha improvisación y tomas muy largas, casi como en una obra de teatro. Como está compuesta por planos secuencia, llegamos a rodar escenas de 20 minutos sin parar. La verdad es que no he vuelto a tener otra experiencia como esa, pero al mismo tiempo creo que no volvería a hacer algo tan violento. El director, Gaspar Noé, es una persona muy normal, y el trato con él fue genial aun con escenas tan duras de por medio. Sin embargo, cuando haces una película tan intensa, das todo de ti misma y quedas exhausta. Por cierto, en mi vida atravesaba un periodo diferente al de ahora, en el que elegía papeles más oscuros, como en The Passion of the Christ, Malena y Dobermann. Ahora, los personajes que elijo son diferentes entre sí, pero todos coinciden en que parten de la oscuridad y se dirigen hacia la luz. Elijo eso porque me identifica. Mi luz son mis dos niñas.

El actual es un momento muy dulce para mí. Quedar embarazada a los 45 años fue una experiencia maravillosa. Y en mi trabajo tambieén atravieso un periodo muy interesante.

Pienso que los actores toman decisiones en función de cómo se sienten en el momento. Al menos es mi caso”. Hija de madre pintora y padre empresario, Monica combina el mundo de la razón paterna con la sensibilidad materna. Y donde más se advierte esa mezcla es en su capacidad para elegir los papeles que interpreta (ahí va un reto: intenten encontrar una película de verdad mala en su ya extensa carrera). Por eso quise saber si ella cree que ha heredado la visceralidad artística de su madre y el pragmatismo de su padre. “Es verdad que hay una parte de mí que es muy sensible y otra más racional —admitió—. Y siempre trato de encontrar el equilibrio entre esos dos rasgos de mi carácter. Supongo que sí los heredé de uno y de otro. Mi parte más sensible trata de tener experiencias y me hace vivir la parte más emocional de mi trabajo. Funciona de una forma terapéutica, catártica, cuando necesito sacar esas emociones. La otra me pone los pies en la tierra a la hora de tomar decisiones.”

Los últimos minutos de entrevista que me quedaban se me escaparon entre los dedos, inasibles como un puñado de arena. Me hubiera gustado pasarme el resto de mi vida hablando con ella. O mejor, callado y escuchando esa voz dulce y firme a la vez. O perdiéndome en sus ojos. Antes de irme, le dije que si yo fuera un juez y ella abogada, absolvería sin dudarlo a todos sus clientes. Ella volvió a reírse. “¡Mira! Pues yo empecé a estudiar Derecho, pero era muy joven y de inmediato me di cuenta de que no era mi vocación. Mientras estudiaba, también modelaba para ganar algún dinero. Pero comencé a tener más trabajo como modelo y tuve que dejar la carrera. Era joven, quería viajar y conocer el mundo, y ser modelo me lo permitía. Estudiar Derecho implicaba estar quieta todo el día con la cabeza metida en los libros. ¡Lo curioso es que ahora leo muchísimo! Es lo que más me gusta, pero estoy en otra etapa de mi vida. Antes, al principio, lo que más quería era empaparme de experiencias.”

En sus entrevistas más famosas, ella siempre dijo que su felicidad era la actuación. ¿Hoy piensa lo mismo? “Todo tiene su momento. Cuando trabajaba como modelo tuve la suerte de poder posar para grandes fotógrafos, leyendas como Helmut Newton, así que sería absurdo decir que me arrepiento de algo así. Fue una época magnífica que me dio mucho y aportó a lo que soy. Era interesante a nivel de vida, por todo lo que viajaba, pero también en lo artístico por la relación que tuve con todos esos fotógrafos. Luego llegué a la actuación y ahí descubrí mi vocación, claro.”

Al despedirse, me dio la mano sin retirarme la mirada. Yo sí la desvié un poco, para posarla en su piel pálida y luminosa a la vez. Después, sus ojos negrísimos me absorbieron de nuevo. Al final, cuando me iba, nada me pareció más lógico que Monica Bellucci fuera la única mujer que a sus 50 años haya sido escogida para el papel de “chica Bond”. En definitiva, no es una cuestión de edad, sino de todo lo que puede aportar la mujer más bella del mundo.

Los personajes que elijo son diferentes entre sí, pero siempre van de la oscuridad a la luz.

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